
“En el mundo de la ciberseguridad los criminólogos somos más que necesarios”
María, eres criminóloga, experta en ciberseguridad… y, además, influencer. ¿Qué fue primero: tu pasión por la ciberseguridad o las ganas de contar historias para tratar de ayudar a la gente?
Para mí lo primero fue estudiar criminología y luego especializarme en ciberseguridad. En ese momento, empecé a aprender lo necesario para lo que estoy haciendo ahora, que es trasladar todo el conocimiento a las personas.
Durante los años de carrera, y tras todos los estudios que cursé, me di cuenta de que yo tenía muchos conocimientos en este ámbito, que la gran mayoría de la ciudadanía no tiene. Ahí tomé conciencia de que es muy importante que la gente cuente con esa información para poder protegerse debidamente en Internet.
Así que, con todo eso en mente, decidí crearme, hace un año y medio, las redes sociales para poder transmitir todo lo que sé.
Tus píldoras de Instagram tienen un toque muy directo. ¿Cómo eliges los temas? ¿Hay algo que te preocupe de forma especial últimamente?
La verdad es que la elección de los temas siempre la hago poniendo el foco en las personas. Tengo localizadas las noticias y la información del mundo de la ciberseguridad y, una vez a la semana, me leo los reportes y las investigaciones y pienso: “vale, ¿qué es importante que la gente sepa?”. Con esa premisa, hago la selección de los vídeos y de la información que quiero compartir en mis redes.
Por lo que estoy viendo, la gente está muy preocupada por la manipulación de vídeo y audio con inteligencia artificial; les inquieta ser víctimas de alguna alteración de imagen o sonido. Además, como todavía no hay herramientas a disposición de la ciudadanía para poder detectar cuando algo es falso, existe una gran inquietud por saber si lo que vemos es real o no. Uno de los aspectos que ha incrementado esa preocupación es la actualización de la herramienta de IA de Google, Veo 3, porque genera contenidos tan reales que creo que la gente se está, incluso, asustando.
Después de haber analizado y explicado tantos casos, ¿hay algo que aún te sorprenda o te indigne del panorama de la ciberseguridad actual?
Me sorprende que no se estén tomando las medidas necesarias por parte de los organismos públicos porque, además, considero que el enfoque que le están dando no es el adecuado. Y no es que lo diga yo; los resultados están ahí (por no decir que no hay resultados).
Los usuarios tienen mucho miedo y mucha incertidumbre, no saben dónde acudir. Cuando, por ejemplo, sufren algún tipo de ciberincidente, ya sea una estafa o una manipulación, no saben qué hacer.
Y lo peor de todo es que no confían en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado porque consideran que no les van a poder ayudar en el ámbito de la ciberseguridad. La gente suele creer que Policía o Guardia Civil solo se dedican a la delincuencia “física”, no los relacionan con el ámbito digital. Por eso creo que existe un “gap de información” con respecto a la ciudadanía. Esa parte de la comunicación no se está haciendo bien. Yo trato de hacer mucha pedagogía para que la gente vaya a denunciar, es muy importante que lo hagan.
Para la gente que te sigue es importante que no utilices tecnicismos innecesarios. ¿Te cuesta a veces traducir los temas más complejos sin perder rigurosidad? ¿Cómo encuentras ese equilibrio?
Cuando quiero trasladar conceptos más complejos a la gente, lo que intento, principalmente, es no tratarles de ignorantes. Parto de la base de que todo el mundo puede aprender, aunque se trate de algo más complicado. En este sentido, pienso que hay profesionales haciendo divulgación científica sobre cuestiones mucho más enrevesadas y, aun así, consiguen hacerlo. Así que, esa es mi primera premisa.
Además, a la hora de trasladar toda la información que yo tengo o que he recopilado sobre un tema, intento simplificarla sin llegar a la absurdez. Y esto a veces ha hecho que me critiquen, especialmente, la gente más técnica porque me “acusan” de simplificar mucho el mensaje. Pero yo prefiero hacerlo más simple y que le llegue tanto a una señora de 80 años como a un niño de 5; ese es el rango de personas a las que yo enfoco el mensaje.
Como hemos comentado, eres criminóloga de formación. ¿Cómo influye esa mirada en tu forma de entender la ciberseguridad? ¿Qué aporta frente a perfiles más técnicos?
Para responder esta pregunta es interesante saber qué es la criminología. En criminología estudiamos el fenómeno delictivo desde distintas áreas: desde la perspectiva de la víctima, desde la del delincuente y, también, desde el área del propio delito. A partir de ahí, hacemos una investigación o un análisis de todo el fenómeno, desde una visión macro a otra más micro, de forma individual y colectiva.
Cuando yo hablo de que la criminología es multidisciplinar es porque lo es. Sabemos de leyes, de sociología, de forense, de comportamiento criminal, de modus operandi, etc. Esto nos permite ser capaces de dar, ante un mismo fenómeno, una explicación muy holística.
Te pongo un ejemplo: en el caso de una estafa, una persona técnica vería su parte y, probablemente, te diría cómo ha podido acceder el ciberdelincuente, qué ha visto, a qué ha tenido acceso, etc. Sin embargo, un criminólogo es capaz de ver todo el contexto, desde cómo afecta a la víctima, hasta cuál ha sido el modus operandi para entrar o cuáles han sido las técnicas o métodos utilizados. Además, a esto sumaríamos otros aspectos como la respuesta a nivel social, el impacto, la normativa o las decisiones que toman los organismos públicos. En definitiva, se trata de verlo todo desde un espectro mucho más amplio y, por eso, somos capaces de detectar aquellas cosas que nadie más ve.
Uno de tus vídeos más comentados fue sobre los deepfakes y cómo pueden engañar incluso a los más prevenidos. ¿Te esperabas ese impacto? ¿Cómo gestionas cuando un contenido tuyo se viraliza?
Pues la verdad es que no me esperaba para nada el impacto que han tenido. De hecho, cuando empecé a hacer divulgación en redes, hubo varios meses en los que solo veían mis vídeos mis padres y mis amigos… y se reían de mí. Además, creo que tampoco era muy buena, en aquel momento, creando contenido.
Pero, me alegro de que haya tenido ese impacto porque está llegando el mensaje a mucha gente. Y considero que es un mensaje positivo, nada sectario, así que, estoy contenta por eso.
Con respecto a la forma de gestionarlo, intento hacerlo con total normalidad. Yo siempre vivo con los pies en el suelo. No considero que sepa más que nadie y cada día aprendo cosas nuevas. Soy consciente de que me puedo equivocar, que pueden salir mal las cosas y esto puede dar un cambio. Por eso, siempre trato de tener los pies en la tierra y mi objetivo es seguir trabajando desde la humildad, que es como mejor se absorbe el conocimiento.
En este mundo lleno de “postureo digital”, ¿cómo decides lo que compartes y lo que no? ¿Te pones límites a la hora de exponerte en redes?
Antes de tener un perfil más público, yo ya era una persona que no compartía mis cosas personales en redes sociales. Y no era por seguridad, sino porque no me gusta compartir ese tipo de contenido (como mucho, subía una foto de una cena con amigas o cosas así). Y, si antes ya era así, ahora me lo pienso mucho más, sobre todo, porque no quiero exponer a la gente de mi alrededor.
Cuesta no hacerlo, porque a los creadores de contenido se nos suele pedir que compartamos nuestro día a día en redes, especialmente, en Instagram. El problema es que mi vida no es nada interesante; me paso el día pegada al ordenador, sobre todo, ahora que estoy con el lanzamiento de la App (BeValk). Y no creo que sea muy interesante enseñar todo el rato la misma escena de ordenador, metida en mi “zulo”. Digamos que no hago tantas cosas “guais” como para compartirlas.
Hay cada vez más jóvenes que quieren trabajar en ciberseguridad. ¿Qué les dirías a quienes no vienen de un perfil técnico, pero sienten curiosidad por este mundo?
Les diría que se lancen a la piscina porque somos más que necesarios. En el mundo de la ciberseguridad me he encontrado una cosa que no me había encontrado nunca como criminóloga y que me parece muy positiva: somos muy bien acogidos.
Hay otros sectores en los que los criminólogos estamos vistos como intrusos laborales, sin embargo, en este mundo siempre he visto una acogida espectacular. Los perfiles técnicos adoran a los criminólogos porque ellos aprenden también. Por eso digo que, cualquier persona que no venga del ámbito técnico, pero que quiera trabajar en ciberseguridad tire para adelante, que se lance con todo.
¿Qué herramientas o hábitos recomiendas para que cualquiera –desde una persona mayor hasta una pyme– empiece a protegerse de forma sencilla pero efectiva?
Lo primero es ser conscientes de que no podemos estar ajenos a la seguridad en el ámbito digital, sino que debe ser algo intrínseco en nuestra vida. Tenemos que interiorizarlo, de la misma manera que echamos la llave cuando salimos de casa (no se nos pasaría por la cabeza irnos y dejar la puerta abierta).
En la actualidad, no podemos vivir sin tener una “higiene digital” básica y aquí debemos incluir aspectos más “técnicos”, como utilizar distintas contraseñas para los distintos servicios y actualizarlas con cierta frecuencia, activar el doble factor de autenticación, etc. Pero, también hay que estar atentos a otras cuestiones de sentido común y prestar mucha atención a cualquier cosa que nos parezca rara o demasiado buena para ser verdad. Esto es básico.
Si mañana Instagram desapareciera, ¿dónde seguiríamos viendo a María Aperador? ¿Seguirías apostando por Youtube, TikTok, podcast, newsletter… o te tomarías unas vacaciones?
No creo que me tomara unas vacaciones porque soy hiperactiva. Si mañana dejara de existir Instagram, seguiría con cualquier opción que me permita compartir conocimientos con la gente: LinkedIn, Youtube, la newsletter, mi aplicación (donde hay unas 15000 personas), etc. Seguiría trabajando para las personas que realmente quieren aprender sobre ciberseguridad, así que, no creo que me tomara unas vacaciones.
¿Qué te gustaría que la gente recordara o aprendiera de tu trabajo divulgativo? Si pudieras dejar un único mensaje, ¿cuál sería?
Sería el mismo mensaje con el que me guío en la vida: haz las cosas que te apasionen. Busca esa cosa en tu vida que te haga levantarte feliz por las mañanas, que te haga ir a trabajar sin sentir que solo es un trabajo.
Eso que en japonés se llama “ikigai”, es decir, la razón de vivir o de ser. Me parece muy importante buscar nuestro propósito en la vida, saber para qué hemos venido y qué podemos aportar al mundo, y hacerlo con el corazón. Y si, además, conseguimos que el mundo se un poquito más amable, contribuyendo entre todos, pues todavía mejor.