Protege a los menores en el uso de Internet

Protege a los menores en el uso de Internet

PORTADA MENORES¿Sabes quién es Amanda Todd? Amanda era una estudiante canadiense que fue víctima de varios delitos cometidos en el entorno digital: ciberacoso, sexting y chantaje. El resultado: Amanda se ahorcó el 10 de octubre de 2012, cuando tenía 16 años. Lo hizo tan solo un mes después de publicar un vídeo en Youtube en el que denunciaba que había sido engañada para mostrar sus pechos en la webcam cuando solo tenía 12 años. Esa imagen la persiguió hasta su muerte, a pesar de que cambió varias veces de colegio e intentó rehacer su vida. De hecho, en su vídeo reconocía: “Ya no puedo recuperar esa foto. Estará en Internet para siempre”. Por supuesto, hubo consecuencias para los culpables. Se detuvo a 30 personas, 6 de ellos fueron encarcelados y tuvieron que pagar grandes multas e indemnizaciones. Pero, el daño causado no se podrá reparar de ninguna forma.

La historia de Amanda Todd

Este caso es solo un ejemplo. El acoso o bullying, los robos o los timos han existido siempre, eso es un hecho, pero las nuevas tecnologías han conseguido que su impacto se multiplique. El porqué es sencillo: en internet no hay fronteras, no hay espacio ni tiempo y nada se acaba. La realidad es que nos enfrentamos a los mismos delitos pero cometidos a través de nuevos medios y herramientas.

Los menores son un grupo social especialmente sensible a estos problemas y, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2015, más del 90% de la población escolar de entre 10 y 15 años tiene acceso a internet (el mismo porcentaje de ellos ya cuenta con un teléfono móvil para comunicarse con sus amigos a través de las redes sociales).

Qué buscan los menores en internet

                                                                                   
La relación que los menores establecen con la Red va cambiando dependiendo de su edad. Los estudios revelan que los niños de 8 a 10 años suelen buscar información, actividades de ocio y juegos. Entre 11 y 13 años indagan sobre asuntos relacionados con la escuela, los juegos y los chats. A los 14-15 les interesa conocer a gente nueva, participar en chats y los juegos. Y, entre los 16 años y los 18, se decantan por los chats, las redes sociales, la búsqueda de información y la música. En principio, no parece que haya nada que temer pero que ellos no hagan nada peligroso no les exime de riesgos.

Niños ordenador

Estos nuevos canales de comunicación se convierten en vías especialmente peligrosas y las mejores herramientas de prevención de las que disponemos son la información y la educación. Los niños deben ser conscientes de los peligros que corren en internet y los adultos tienen que servirles de guía y estar atentos. Pero, la pregunta es: ¿somos conscientes de a qué nos enfrentamos?

¿Somos conscientes de los riesgos del entorno digital?

En el entorno digital existe un riesgo muy elevado porque las amenazas son infinitas, pero la realidad demuestra que no somos conscientes. Cuando nuestro hijo está en su habitación con el ordenador o utilizando cualquier dispositivo móvil sentimos que está a salvo (es un ambiente cercano que nos da confianza). Pero, es una falsa sensación de seguridad. Creemos que lo estamos librando de los riesgos de la calle (robos, drogas, acoso, etc.) y lo cierto es que en el espacio digital se enfrenta a muchos más peligros.

¿Cuáles son esos peligros?

En este punto hay que tener en cuenta que los padres saben menos del mundo digital que sus propios hijos, que existen infinidad de canales y aplicaciones que dificultan la protección y que los riesgos son dinámicos y evolucionan cada día. Pero, además, conviene ser consciente de que el uso de grupos de mensajería instantánea, la transferencia de fotos y vídeos o el acceso a redes sociales crea un escenario de riesgo para el menor, no sólo por su posibilidad de ser víctima, sino también por su capacidad de ser agresor.

  • Ciberacoso o cyberbullying

En los casos de ciberacoso, los menores suelen recibir reiteradamente agresiones de todo tipo (insultos, extorsión, amenazas, ridiculizaciones, etc.) con mensajes de texto o voz, imágenes o vídeos. Esto suele generar serios problemas psicológicos en la víctima, como el estrés emocional o el rechazo social. Lo peor de todo es que, como en el caso de Amanda Todd, con las tecnologías actuales y el uso de internet, un acoso que se lleva a cabo un día concreto en un lugar determinado sigue haciendo daño después de mucho tiempo.

Según las cifras del estudio Yo a eso no juego. Bullying y Ciberbullying en la infancia realizado por Save The Children, y publicado en febrero de este año, un 6,9% de los más de 21.000 estudiantes entrevistados de entre 12 y 16 años considera que sufrió ciberacoso en los dos últimos meses. Además, seis de cada diez niños reconocieron haber sido insultados por otros compañeros (casi un 23% de ellos de forma recurrente).

  • Sex grooming

El sex gooming hace referencia a las acciones delictivas que lleva a cabo una persona (habitualmente un adulto) con el objetivo de ganarse la amistad de un menor para poder abusar sexualmente de él. Obtiene su confianza y, de esta forma, logra hacerse con fotografías o vídeos suyos de carácter pornográfico.

Según la Guía de Actuación Contra el Ciberacoso elaborada por Red.es, más de la mitad de los padres entrevistados muestran gran preocupación porque sus hijos sean víctimas de grooming, a pesar de que solo hay un 1% de casos declarados. En este sentido, hay que tener en cuenta que a los menores suele costarles mucho pedir ayuda debido a la vergüenza que les produce la situación.

  • Happy slapping

El happy slapping consiste en el abusar de un compañero (pegar, insultar, vejar, etc.) mientras se graba con el móvil, para después compartirlo en redes sociales. Por suerte, es fácil identificar a quien lo hace. Además, conviene saber que todos los que participan de la acción están cometiendo un delito: el que pega o insulta, el que lo graba, el que lo comparte y el que lo almacena.

  • Phishing

El phishing se basa en el uso de distintas técnicas para obtener cualquier información de la víctima (tarjetas de crédito, contraseñas, fotos, correo electrónico, dirección, hábitos, números de teléfono, etc.). Si te preguntas qué cosas se pueden hacer con esto, ahí van algunos ejemplos: suplantar la identidad, usar el ordenador familiar para cometer delitos desde él o usar nuestros dispositivos como “almacén”, por ejemplo, de pornografía infantil.

  • Suplantación de identidad

Cualquiera puede robar una foto en internet, crear un perfil falso en redes sociales y hacerse pasar por esa persona. ¿Te has planteado qué ocurriría si alguien coge una foto de tu hijo, crea un perfil falso en la red e invita a sus amigos? ¿A qué información podría tener acceso?

En este sentido, debes saber que en España existe una Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) que regula los derechos fundamentales de privacidad. Todos tenemos derecho al secreto en las comunicaciones, al honor y la propia imagen, y a la privacidad. Y, por supuesto, no se puede compartir datos (fotos, vídeos, información personal, etc.) de un tercero si contar con su consentimiento.

  • Dependencia

La tecnología (internet, los videojuegos, los chats, el móvil o aplicaciones como el Whatsapp) puede provocar dependencia y debe tratarse como una adicción tradicional. Por eso, es necesario que los adultos presten atención y analicen el comportamiento de los menores en este ámbito. La dependencia puede provocar aislamiento y soledad, problemas para distinguir lo real de lo virtual, problemas de aprendizaje y concentración o mal humor permanente. Y es que, paradójicamente, internet tiene la capacidad de acercar a las personas que están lejos y separar a las que están cerca.

  • Otros problemas que se pueden encontrar en la Red

Además de los riesgos que hemos mencionado, existen otros problemas que nos podemos encontrar en el uso habitual de Internet. Los virus o la descarga de aplicaciones que acceden a información personal del menor, como Whatsapp o Facebook, son algunos ejemplos. En el caso de Whatsapp, la aplicación tendrá acceso a toda la lista de contactos del teléfono. Por su parte, Facebook se queda con la propiedad de todos los contenidos subidos a la red social.

También es conveniente mencionar el exceso de confianza que solemos depositar en el contenido que encontramos en Internet. Los niños tienen que saber que no todo lo que se dice en el entorno online es verdad.

El acceso a contenido inapropiado es otro de los hándicaps a los que nos enfrentamos. La recepción de imágenes sexuales, violentas, xenófobas es habitual cuando navegamos por la red, por eso es necesario aplicar filtros que impidan el acceso de los menores a este tipo de información.

 
Cómo detectar si un menor está siendo víctima de acoso

En algunos casos puede ser difícil de detectar, pero debemos estar atentos a los posibles síntomas que puedan indicar una situación de riesgo derivado de un problema de acoso: estrés, ansiedad, impotencia, pérdida de la autoestima, humillación, insomnio, miedo a salir a la calle, bajo rendimiento escolar, cambios en el comportamiento, etc.

Acoso infantil
Prevención

La prevención se debe abordar teniendo en cuenta a todos los implicados y los escenarios en los que desarrollan su día a día. Es decir, afecta a los niños y niñas, al centro educativo, a las familias y a las administraciones.

El objetivo debe ser siempre guiar y no prohibir. Lo que se pretende es concienciar y establecer unos códigos de conducta adecuados. De esta forma, conseguiremos que los niños alcancen un desarrollo personal mayor. Aquí te ofrecemos algunos consejos a tener en cuenta:

  • En el ciberespacio no podemos hacer lo que queramos. Por este motivo, es necesario transmitir a los menores la idea de que existen unas normas que se deben cumplir.
  • La confianza y la comunicación son fundamentales. Es necesario que hables con tus hijos; que te cuenten cualquier cosa que les haga sentir incómodos o amenazados.
  • Hay que tener muy presente que las nuevas tecnologías también tienen unas normas de comportamiento que hay que respetar.
  • Mantén protegidos sus ordenadores y dispositivos. Deben estar actualizados y sin virus.
  • Hay que ayudarles a configurar sus perfiles en redes sociales. Para estar seguros de que configuran correctamente sus perfiles, conviene hacer un seguimiento en la configuración.
  • Instalar medidas técnicas para garantizar la seguridad del menor en el acceso a los contenidos.
  • Cuidado con el móvil: no olvides que no son solo teléfonos, sino ordenadores sofisticados que acompañan a los niños a todas partes.
  • Controlar las facturas telefónicas.
  • Enseñar qué se debe hacer ante el acoso.
  • Controlar lo que ocurre en casa.

Para conseguir el compromiso por parte de los niños y que sean conscientes de cuál es su responsabilidad, algunas entidades y organizaciones han creado unos “contratos padres-hijos”, que pueden ser muy útiles. De esta forma, aprecian el interés por parte de sus padres y se familiarizan con las obligaciones que implica la aceptación de un contrato.

Compromiso padreCompromiso hijo
 

Además de estos consejos, convendría tener en cuenta una serie de recomendaciones técnicas:

  • Seguridad en red: instalar un firewall con control de contenidos que permita registrar y restringir lo que el menor ve en Internet.
  • Seguridad en el dispositivo: instalar y mantener el antivirus siempre actualizado (siempre será mejor si es de pago y gestionado, de forma que no pueda desconectarse).
  • Entorno seguro KIDBOX (hasta 8 años): es un entorno de navegación segura, con aplicaciones y juegos controlados.
  • Entorno seguro Zodles: es un entorno de navegación segura, con aplicaciones y juegos controlados. Pueden agregarse aplicaciones que se consideren seguras y está disponible para PC y móviles.
  • Control parental Norton Family: es una solución de seguridad global y control parental, también disponible para PC y móviles, con control de tiempos.

¡Denuncia!

Por supuesto, si te encuentras ante cualquier situación de este tipo, ¡denuncia! Es importante que no destruyas las evidencias y que acudas a profesionales especializados en la materia. Puedes solicitar ayuda a la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional o al Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil.

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