Las aventuras (y desventuras) de Cyberlawyer

Las aventuras (y desventuras) de Cyberlawyer

La irrupción de una nueva religión

Iluistración: Ernesto Martín

La religión emergente más interesante es el dataísmo, que no venera ni a dioses ni al hombre: adora a los Datos.

Esta sentencia extraída del libro Homo Deus: Breve historia del mañana del historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari, pone de manifiesto algo que venimos corroborando día tras día: la importancia de los datos.

Los datos son ya el mayor activo de las compañías; el nuevo combustible de la economía; el moderno maná, pero en lugar de enviarlo el Dios Yavhé al pueblo hebreo en el desierto, los generamos los humanos en cantidades ingentes para deleite de la computación.

La tecnología ha tenido y tiene un tremendo impacto que ha afectado de manera positiva, y también de forma negativa, a nuestra sociedad, pero ya es algo imprescindible para todos. Las invenciones tecnológicas, motor fundamental del progreso, mejoran nuestra calidad de vida, pero también menoscaban nuestra privacidad.

En esta nueva realidad, virtual o no, no queremos atesorar ideas y conocimientos, queremos compartirlos y ponerlos en común. El empleo y manipulación que realicemos de la información es un reto para la sociedad y se hace necesario una participación más activa y comprometida con su desarrollo e impacto generalizado.

El marco legal establece los límites y, además, controla su cumplimiento para que las personas decidamos lo que queremos hacer con nuestros datos. Por otra parte, las soluciones de ciberseguridad garantizan el entorno seguro y el nivel adecuado de las organizaciones que usan y aprovechan la información.

Un nuevo perfil profesional ha llegado

El término cyborg hace referencia a una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos, generalmente, con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología.

Definiendo a la criatura “cyberlawyer” podemos coincidir en referirnos a un ser humano mejorado que podría sobrevivir y ayudar a otros en el entorno tecnológico actual y futuro. Se trataría de un experto en derecho, especializado en protección de datos, al que se le haya implantado un conocimiento tecnológico importante o, dicho de otra manera, un especialista en tecnología con aptitudes de ciberseguridad, que mediante una serie de prótesis legales le permita acceso al difícil mundo interpretativo de las normas.

No estoy diciendo que debamos instalarnos un dispositivo en la cabeza para poder escuchar normas y soluciones de seguridad, y conseguir que finalmente las autoridades lo acepten (como ocurrió en 2004 con el artista británico que se implantó un ojo electrónico para escuchar los colores que le rodean). Lo que mantengo, es que es hora de que ambas figuras se fusionen y den lo mejor de sí mismas.

El culto al dato hace que la barrera entre abogados y técnicos se desplome y que emerja la figura de un único profesional que unifique las disciplinas legal e informática, componiendo alianzas sobre las actuales grietas académicas y expanda de manera sencilla ideas e innovaciones, a través de los límites de ambas disciplinas.

La asociación abogado/técnico será a la seguridad informática lo que la convergencia IT/OT es a la tecnología.

Hasta hace muy poco el universo OT (Operation Technology) para entendernos, “lo industrial”, y el mundo IT (Information Technology), habían permanecido aislados, autónomos, con caminos paralelos. Es indudable hoy que el mundo OT se ha aprovechado y, por lo tanto, beneficiado, de todos los avances del mundo IT y ha conseguido, además, una considerable reducción de costes. El universo IT, por su parte, ha visto un inesperado progreso con el incremento constante de negocio e inversión. Se ha cumplido finalmente que, a más convergencia, mayor complejidad de los sistemas tecnológicos, y esto, se ha traducido en un incremento considerable de ventas.

No soy abogado, y no menos importante, he de decir que tampoco soy “informático”. Con razón cabe preguntarse qué hago opinando entonces y esa, precisamente, es la razón: no pertenezco a ninguno de estos dos mundos y estoy vinculado a ambos. Esta situación privilegiada es la que me habilita para expresar de manera contundente que los dos campos deben unirse o, al menos, interrelacionarse para cumplir con los mejores estándares de la privacidad y la seguridad. Ambos tienen, es más, necesitan desarrollar nuevas capacidades que les permitan una visión más integral de la problemática que gira en torno a los datos.

El marco legislativo y la adopción de medidas de ciberseguridad colocarán en una situación inmejorable a las empresas que coordinen ambas especialidades. Además, la protección con garantías de los derechos y libertades de las personas será un acicate para el desarrollo tecnológico que se verá libre de sospechas al incrementarse la confianza de los interesados dentro de un marco de cumplimiento legal de las organizaciones.

No lo digo yo, la AEPD en la guía para la gestión y notificación de brechas de seguridad dice que: “La gestión de la privacidad y de la seguridad son entidades distintas con objetivos comunes: salvaguardar los derechos y libertades de las personas y garantizar la seguridad de la información. Responsables de seguridad y delegados de protección de datos están obligados a trabajar juntos estableciendo vínculos colaborativos y ambos son clave cuando se trata de salvaguardar la seguridad de los tratamientos”.

Ilustración: Ernesto Martín

Una cuestión de responsabilidad

El dataísmo según cuenta Harari, posee también mandamientos, el primero y principal indica que se debe maximizar el flujo de datos conectándose cada vez a más medios y produciendo y consumiendo más información y, salvo raras excepciones, esto ya está ocurriendo. El siguiente precepto, apunta a que todo debe ser conectado, incluidos los “herejes” que no quieren ser conectados y, aquí, con la iglesia no dataísta, obviamente, hemos topado.

Si bien, con los avances de las soluciones y servicios de ciberseguridad podremos proteger cada vez mejor las comunicaciones y los datos, no soy partidario de la libertad de información que suponga sacrificar la privacidad, la autonomía y la individualidad de las personas, al menos, en aquello que consciente e informadamente no convengan de acuerdo con el marco legal que lo regule. 

El propio Presidente Ejecutivo de Apple, Tim Cook defiende el RGPD europeo y lo plantea para el resto del mundo. En una parte de su discurso ante el Parlamento Europeo referida a la inteligencia artificial dice lo siguiente: Si queremos que ésta sea verdaderamente inteligente, debe respetar los valores humanos incluyendo la privacidad. Los peligros son muy grandes si no lo conseguimos. Podemos conseguir al mismo tiempo una gran inteligencia artificial y unos grandes estándares de privacidad. No es sólo una posibilidad, es una responsabilidad.

 De esta responsabilidad que atañe a la sociedad emerge como figura reveladora el Cyberlawyer.

Y para finalizar este capítulo, algo importante, ¿cómo detectar a un cyberlawyer? Complicado, teniendo en cuenta que no sólo parece humano, suda, huele, sangra y puede imitar voces humanas. Como en Terminator nos dejaremos ayudar por los perros, capaces de advertir la presencia de la máquina.

Santiago Arellano, Marketing de producto y desarrollo de servicios en Secure&IT

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