La inteligencia del secador de pelo

La inteligencia del secador de pelo

Internet de las Cosas artículo

El sector de las nuevas tecnologías se ha convertido, seguramente por haber caído en los mullidos y acogedores brazos del marketing, en un auténtico generador de etiquetas, tendencias y modas. Las empresas de este gremio se rigen por la innovación (es lógico) pero también por la necesidad imperiosa de vender, porque para eso desarrollan productos y servicios que generalmente mejoran la vida de todos.

Lo que ocurre es que en esa carrera constante por ser los más innovadores cada año hay una palabra, una tendencia o una categoría de producto que alguien coloca primero en el mercado y que con posterioridad el resto de fabricantes replican con ligeras modificaciones. Unos le añaden al nombre una sigla de su propia cosecha, otros tunean ligeramente el chasis del objeto en cuestión, otros se atreven con colores innovadores, pero la esencia es la misma.

Después de recorrer muchas ferias internacionales, se refuerza en mí la sensación de que el sector no para de innovar, pero siempre más pendientes de lo que hace el vecino que de las ideas propias. Un fabricante de teléfonos considera que tu móvil debe llevar dos cámaras en lugar de una, y a los pocos meses todos llevan dos cámaras. Una firma sugiere lo importante que es para el ser humano monitorizar los pasos que da cada día y medir el ritmo cardíaco de un oficinista de manera constante y en un breve lapso de tiempo, toda la competencia lanza su propia banda cuantificadora y hasta tu suegra luce una en la muñeca.

¿Son muchos de los avances sugeridos por la industria tecnológica respuestas a las necesidades de los usuarios o meros reclamos vestidos de modernidad? Me lo planteo cada vez con más frecuencia.

La palabra más repetida que he escuchado en las ruedas de prensa, presentaciones y entrevistas que he realizado durante el pasado año es “smart”, en inglés que mola más que decir inteligente. Y junto a ella unas siglas (también en inglés, claro) que forman el acrónimo de moda, el IoT.

Internet of Things

No seré yo, ni por profesión ni por convicción, quien no esté encantado con el desarrollo del internet de las cosas. Me gusta, creo en ello y estoy seguro de que una vida conectada puede ser una vida mejor para todos.

Lo que ocurre es que un término, a fuerza de repetirse y por el simple hecho de ir en letras con gran tipografía en la caja de un producto, puede perder la esencia de su valor original. Tan cierto es que la miniaturización de los chips y los transistores y los esfuerzos de los técnicos en los laboratorios han conseguido que cualquier cosa pueda conectarse a la red, como que, seguramente, no todo debe estar conectado por obligación.

Un televisor conectado permite acceder a contenidos que no podría ver de otra forma, un coche conectado puede ser más seguro y puede buscar en tiempo real los trayectos más eficientes, un termostato conectado puede permitirme manejar la calefacción de casa desde el móvil y ahorrar energía,… pero, ¿un secador de pelo, un aspirador o un microondas doméstico deben estar conectados a Internet?

El otro día, antes de ver una película en el cine, durante el cuartito de hora de publicidad que pagas con la entrada a precio de oro, vi el anuncio de un secador de pelo que sus creadores definían como “inteligente” y “conectado”. No dudo que fuera un ingenio técnico sobresaliente y que te dejara la melena con un moldeado increíble, pero si dudo de la utilidad de que mi secador se conecte a la red. Puede ser innovador, moderno, espectacular… pero no lo veo necesario.

El hecho de que un objeto cotidiano esté conectado, sirve también para generar datos (útiles o no para terceros, pero seguramente tan personales como hábitos de uso que no queremos revelar) y lo convierte también en algo susceptible de ser atacado desde la red. Porque existe otra cara menos amable del internet de las cosas que debería, al menos, llevarnos a la reflexión de si merece la pena que todo se conecte a la red porque lo diga la moda. Por cierto, no me he comprado el secador inteligente, pero sí una afeitadora conectada que me envía una alerta al móvil cuando cree que ya ha pasado demasiado tiempo sin que me afeite y me ha cambiado la vida, no se cómo lo hacía antes, si alguien quiere, le doy la referencia.

Manuel Martínez

Director del programa 5.0 de Radio Nacional de España

 

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