Drones: normativa y nuevos retos para la privacidad

Drones: normativa y nuevos retos para la privacidad

normativa y privacidad en el uso de drones

Te acabas de comprar un dron. ¡Qué ilusión! Seguro que hace tiempo que veías vídeos y reportajes en televisión y redes sociales y te morías por tener uno. Pero, ¿conoces la normativa? ¿sabes cómo y dónde puedes utilizarlo? ¿Te has parado a pensar las consecuencias que podría tener un mal uso de este aparato? Los drones plantean, además, nuevos retos para la privacidad.

Hace un par de años este mercado casi no existía pero, en poco tiempo, hemos visto todo tipo de noticias que han puesto de manifiesto la necesidad no solo de establecer una normativa sobre el uso de drones (en nuestro país se empezó a regular en 2014) sino de hacer que se cumpla. Decimos esto porque, por ejemplo, a mediados de este año tres drones se interpusieron en la trayetoria de un avión y el piloto tuvo que esquivarlos, pero no se ha sabido quién o quiénes eran los propietarios de los aparatos y, por ende, los culpables de la infracción.

No es el único caso: Airways, que iba a aterrizar en el aeropuerto londinense de Heathrow, chocó en pleno vuelo con un dron; un avión de Air France tuvo que esquivar uno de estos aparatos, que pasó a pocos metros de su ala derecha y, en el aeropuerto de La Guardia (Nueva York), un avión estuvo a punto de impactar contra un dron en la maniobra de aproximación al aeropuerto. Son solo algunos ejemplos del peligro que puede suponer el vuelo incontrolado de estos vehículos no tripulados.

Nuevos retos para la privacidad

Los drones también plantean problemas con la privacidad, por ejemplo, en Rusia, un dron grabó a una pareja manteniendo relaciones sexuales en el campanario del monasterio Borisoglebsky. Este es un caso muy extremo pero, ¿qué pasaría si en nuestro país cualquier vecino se encuentra dos de estos aparatos sobrevolando su barrio? Seguramente, asustado llamaría a la policía buscando una explicación. En este ámbito se está trabajando desde Europa y, poco a poco, se tendrá que conseguir que la policía tenga información de todas las operaciones de vuelos que se realicen (dónde vuela cada dron y quién lo controla), para evitar los delitos de privacidad.

Pero, además, los drones permiten nuevas formas de ciberataque. Con uno de estos dispositivos, se puede acceder de una manera más sencilla (acercándonos en vuelo) a redes en las que poder instalar un malware. Ni siquiera es necesario utilizar un dron específico, ya que algunos de los que se venden en tiendas para uso recreativo sirven. ¿Qué significa esto? Pues, que se puede utilizar los drones, por ejemplo, para realizar ciberespionaje industrial o, simplemente, para robar datos a terceros.

Aunque puede parecer una escena de película de ciencia ficción, lo cierto es que estos aparatos podrían ir equipados con transmisores que consiguen interceptar señales de otros dispositivos, con lo que sería posible hackear un teclado y ver lo que se escribe o controlar ordenadores a distancia.

Quizá es rizar el rizo pero, los propios drones podrían ser hackeados. Imagina que estás “jugando” con tu dron y, de repente, deja de obedecer tus órdenes, hace movimientos que tú no controlas y, si más, desaparece de tu vista sin que puedas hacer nada. La realidad es que se plantean nuevos escenarios y habrá que ver cómo abordarlos.

privacidad drones

El uso profesional de drones

No todo son aspectos negativos, muchos profesionales han descubierto las maravillas que los drones pueden aportar a sus trabajos: esta tecnología se utiliza para rescate y vigilancia (reduce los tiempos en los salvamentos porque se pueden recorrer distancias mayores en menos tiempo), para trabajos de ingeniería y agricultura, prevención de incendios o fotografía. Se vaticina que la profesión de piloto de drones será una de las más demandadas en un futuro no muy lejano. De hecho, según la Unión Europea, sus usos empresariales crearán unos 250.000 empleos hasta el año 2050.

 

 La normativa en España

Como decíamos, en el año 2014 entró en vigor la primera normativa sobre el uso de drones civiles pero, además, este mismo verano el Consejo de Ministros puso en marcha una nueva ley temporal que regulará el uso comercial y civil de naves no tripuladas, cuyo peso no exceda los 150 kilos.

Según la normativa española, tanto los drones con fines civiles como de recreo tienen prohibido volar en zonas urbanas o en lugares donde haya gran aglomeración de gente, no se pueden utilizar durante la noche y, por supuesto, está prohibido operar cerca de aeropuertos y aeródromos. Pero, ya se está estudiando una normativa que amplíe las zonas permitidas de vuelo y que, a la vez, implique mayor responsabilidad de los usuarios.

Si usas tu dron como hobbie y tiene una función recreativa, no es necesario que tengas el título de piloto o que estés registrado en la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). Pero, además de cumplir todo lo relacionado con los lugares de vuelo, el dron no podrá superar los 120 metros de altura y tendrá que estar siempre dentro de tu alcance visual (no lo puedes perder de vista en ningún momento). Aunque sea una afición, debes ser consciente de que pilotar uno de estos aparatos no es solo un juego y, si ocurre cualquier incidente, serás responsable de los daños. De hecho, las multas pueden llegar hasta los 225.000 euros.

drone normativa

Si por el contrario el uso es civil o empresarial, el dron debe tener su placa de identificación y el piloto debe estar registrado en AESA y tener el título de piloto de drones y el certificado médico en vigor. Necesita, también, un seguro de responsabilidad civil específico para aeronaves.

Este sector está creciendo muy rápido: AESA cifra el número de drones registrados en unos 2.300 y asegura que se ha superado el millar de operadores pero, se cree que el número de empresas que trabajan de forma ilegal podría ser muy superior. Además, se está vendiendo drones sin ninguna exigencia de registro. Esto pone de manifiesto que la legislación se está quedando atrás, sobre todo ahora que la utilización de los drones como hobbie se está convirtiendo en algo habitual.

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